domingo, 22 de diciembre de 2013
Run, run, run...
Este fin de semana tan lotero ha sido agotador. He trabajado mucho, como casi siempre, y a veces cuando trabajamos no somos conscientes de lo necesario que somos los seres humanos entre nosotros.
La oportunidad de trabajar con niños te hace sentir especial, ellos son como esponjas, absorven lo mejor y por desgracía también lo peor de los adultos. En este caso hoy apareció el hermano de una jovenzuela que conocí este verano, un tímido y poco experimentado crío de 4 años si lo comparamos con la mayoría de niños de su edad. La situación económica de este Mundo ahora mismo ha limitado el hecho de que este niño haya podido disfrutar de algo tan maravilloso como es montar en una bicicleta, triciclo o de cualquier vehículo que tenga ruedas. Cuesta bajo y sin freno, así es como ha acabado, le he dicho como tenía que hacer para poner en funcionamiento esta rudimentaria pero mágica máquina y a pesar de su negativa al principio aquello ha empezado a rodar y a rodar y se ha convertido en una apasionante aventura más del capitulo de su corta vida. Hoy me he sentido bien por darle la oportunidad para hacerlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario